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Los hijos te cambian la vida.

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Es una frase que conocí hace muchos años, la escuché con mayor frecuencia unos días antes del nacimiento de Romy, mi primer hijo.

 

Romy llegó antes de lo planeado, a decir verdad, bajamos la guardia y nos dejamos llevar por el amor, de esa forma llegó antes de lo planeado pero no por ello significó dolor alguno, en absoluto, ¡nos llenó de felicidad!. Nada nos hizo tan feliz como saber que seríamos padres de un bebé, nos unió mucho y nos hizo disfrutar y sufrir un poco el embarazo, todo por lo que pasan las mujeres, pero en general fue un periodo casi perfecto. Romy siempre recibió nuestro cariño, nuestras palabras y todo nuestro amor, hicimos planes y nos imaginábamos lo que haríamos juntos como familia, los 3.

 

Nadie esperaba que su llegada traería un enorme reto, no sólo el de educarlo correctamente, si no de algo que complicaría su vida, un defecto congénito que se había desarrollado desde el primer día de gestación, una información genética errónea quizá, o una prueba que Dios quizo que viviéramos, no lo veo de otra manera pues desde entonces la salud de nuestro hijo estuvo en riesgo y los doctores, 4 diferentes ginecólogos jamás lo percibieron: todo su embarazo fue sin problema alguno, sus signos perfectos, su desarrollo perfecto, pero no fue tan perfecto, o quizá si.

 

Cuando lo vi por primera vez, recién nacido en manos del pediatra que me mostraba algo que no le gustaba: un abultamiento debajo de su mandíbula izquierda que abarcaba hasta ese lado del cuello. Me quede asombrado, primero por su tamaño (el de mi hijo), luego por sus manchitas de sangre y después por su bulto. Lloraba intensamente, yo quería creer por un momento que todo era un sueño, no sabía que hacer, quería huir y quería al mismo tiempo solucionar su problema en un instante. Habia que trasladarlo al Seguro Social, mientras llegaba una ambulancia pude superar mi asombro, mis temores y miedos y entonces me acerqué con Romy, lo vi con ternura y quería desaparecer su bulto en un instante.

 

El doctor no sabía que era, su respiración agitada era otra cuestión que lo inquietaba, hasta que lo incubaron y se calmó un poco. Mi hijo lloraba desconsolado, finalmente me dejaron acercarme a él y tocarlo (debidamente enjuagado de manos), le dije: “Calma hijo, aqui estoy, aquí está mamá, pronto estarás bien… Te amo”. Temía que en cualquier momento pasara lo peor pues la ambulancia tardaba y su respiración era agitada, hasta que le pusieron ayuda con oxígeno.

 

Ya en el seguro, en un mejor ambiente y situación se aclaró más el panorama: “..su hijo tiene una tumoración congénita que afecta el paso del aire a sus pulmones, además de líquido en sus pulmones, será trasladado a Guadalajara para que lo atiendan los especialistas..”.  Su respiración se había relajado un poco, parecía más sereno, ahora lo que preocupaba era el tiempo para el traslado y que éste fuera en las mejores condiciones. Había riesgos de todo tipo. El traslado fue hasta medianoche, nunca perdí la calma pero me preguntaba por qué habian tardado tanto….”…no es que nos tardáramos o que no hubiera ambulancia, salimos a medianoche para llegar temprano al centro médico y el bebé sea atendido de inmediato, si hubiéramos llegado temprano por la tarde o en la noche, no lo habrían atendido de inmediato pues no hay suficiente personal a esas horas y menos especialistas….”.

 

Comprendí que hicieron lo mejor para mi hijo, valió la pena la noche en vela vigilando a nuestro bebé. Por momento habría sus ojos, fue la primera vez que los vi, no muy claramente pero me veía a los ojos y luego lloraba, algo le incomodaba, seguramente su tumoración. Finalmente llegamos a las 5 am y esperé hasta mediodía para saber la situación: “..será subido a terapia intensiva neonatal, su hijo tiene esta tumoración y le afecta las vías respiratorias, por eso lo entubamos para que la manguera permita el paso del aire, fue complicado pero salió adelante…”

 

Nuestras vidas habían dado un cambio totalmente brusco, sabíamos que todo sería diferente, más no sabíamos cuánto y menos en qué sentido. De pronto me ví en un lugar que no supe que estaría pronto ahí, si bien ya había vivido una experiencia similar con mi padre, ahora estaría en vela por mi hijo. fue entonces que me propuse tener FE y de una vez por todas no dejar lugar a dudas:

 

DIOS, CONFIO PLENAMENTE EN TI.

 

Eso fue sólo el comienzo de una nueva vida, misma que dejará ir a El Mejikano y a Hecho en México para dar entrada a un nuevo proyecto de vida: El Mensajero. Dios Verdadero.

La vida, Dios, me ha encaminado por un nuevo aprendizaje que va más allá de lo que la mente ordinaria y los ojos mundanos pueden llegar a ver.

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